
¿Por qué?
Sí, ¿por qué? ¿Por qué "chirmol"? A fin de cuentas, es un blog con columnas de opinión y crónicas de no-ficción. Seguramente en algún momento habrá espacio para el mundo de la gastronomía; de la panza viene la danza, pero no mi escritura.
La razón es que si hay un platillos, más bien un complemento, con el que me puedo identificar (sin que eso signifique que es mi favorito) es el chirmol. No porque sea yo salsa (aunque reconozco que algunas de las entradas pueden estar condimentadas de más) sino por la forma en que está hecho: tomate, culantro, cebolla, pimientos, sal... todos ellos acompañantes que, de repente, se ven metidos en un mismo bol, mezclados y machacados para, al fin, volver a su función original: la de dar sabor.
Solo que ahora lo hacen desde otra perspectiva, pues los jugos de uno se juntan con las migajas de otro hasta ir generando sabores, olores y texturas nuevas.
"¿De dónde sos?", "Sudamericano seguro ¿no?", "¿Noto por ahí un acento andaluz?", "Pero sos chileno o peruano, me imagino" son algunas de las frases que, día a día, se van asentando en mis oídos como antesala de mi ya repetida explicación "A ver, yo nací acá pero hijo de extranjeros: mamá nicaragüense y papá español". Ingredientes variopintos que, luego de haberlos juntado, fueron machacados en el bol de piedra que es la Ciudad de Guatemala para dar origen a un hablar que ni yo mismo comprendo.
Y si como hablo escribo, lo que aquí van (vais) a leer es un chirmol en toda regla.
