Cinismo
- 11 ago 2021
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Salió un comunicado. Por Twitter. Porque así ha sido la comunicación del gobierno de Alejandro Giammattei Falla. No es que gobiernen a golpe de 240 caracteres como Bukele o Trump, el manejo de redes se le sigue escapando. No, los perfiles estatales en la web del pajarito son más cercanos al muro de Dolores Umbridge en Hogwarts; una plantilla que hace las veces de papel oficial; un logotipo ubicuo y un esquema estandarizado de escritura.
En la redacción, el primer mensaje: el pueblo no nos importa. Y es que las comas aparecen en sitios insospechables, cual caletas de dinero en una casa de Antigua. Las mayúsculas a destiempo, como la aprobación de los decretos que permiten la vacunación.
Esa es la forma: no hay un rostro, nadie da la cara. No hay un mensaje bien elaborado; todo es improvisación, ya no importa, siquiera, tener tacto para dar las malas noticias.
Luego, el fondo. Victimización. “Por lo que, Las (sic) fotografías que circulan en redes sociales, no hacen más que reflejar una cruda realidad ante los embates de esta enfermedad”.
A lo largo del día, TwitterGT se inundó de fotografías y videos de adentro del hospital temporal del Parque de la Industria, ese que en su momento, en el ahora tan lejano 20 de marzo de 2020, una semana después de que se confirmara el primer caso de covid-19 en Guatemala, Giammattei dijo que sería el “intensivo más grande y mejor equipado de Centroamérica”.
Fotografías y videos de adentro de ese hospital; imágenes de pacientes en el suelo, o recostados entre sillas de plástico, cubiertos con un improvisado ropaje de varias colchas, prendidos a la vida por el ducto que les surte de oxígeno desde unas bombonas recostadas contra la pared. Y no son unos pocos; son muchísimos.
Secuencias de mujeres y hombres y hombres y mujeres, todos ellos pacientes, todos ellos impacientes por recibir un tratamiento a priori sencillo que podría ser la última forma de evadir la muerte provocada por un virus hasta hace año y medio desconocido, e impulsada por un gobierno desde hace año y medio inoperante.
ya no importa, siquiera, tener tacto para dar las malas noticias
Todos ellos sentados en sillas, con mascarilla, no las de tela, sino las de oxígeno; algunas conectadas, algunas aguardando por el arribo de más bombonas.
Nos enteramos de eso porque se filtraron las fotos, se filtraron los videos. La red no olvida.
De lo que no nos hemos enterado es de qué pasó con el dinero destinado a la adquisición de vacunas porque, en este momento, tres de cada cuatro dosis que han llegado al país son donaciones; la mayoría de Estados Unidos, al que inmediatamente después se le ha dado la espalda en cuanto a cooperación para el combate contra la impunidad y la corrupción.
Dice Giammattei que negociar con Pfizer supone poner en jaque la soberanía chapina, algo que no le importó cuando firmó un contrato con el Instituto Gamaleya del que, ni conocemos detalles, ni entendemos por qué lo trabajó el tándem presidencia-cancillería sin hacer caso al Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (pecador por omisión), y el cual debemos creer que sigue en pie.
Mientras, las noticias de Leningrado llegan vía Santo Tomás de Castilla, con apostilla de Casa Presidencial.
Hoy es miércoles (sí, capitán Haddock, solo es miércoles) 11 de agosto. Se reportaron más de 4 mil 600 casos nuevos, muchos de ellos irán al Parque de la Industria; casi ninguno al San Juan de Dios, que se ha visto obligado a cerrar por un brote interno. Al Roosevelt, está por verse, so amenaza de saturación absoluta.
Van más de 500 días con el covid-19 en territorio nacional. Según reporta Reuters, estamos al 87% del máximo, el cual fue recién el 27 de julio. Hablamos de picos continuos, no de olas; no es mar abierto, sino el Himalaya; hasta el oxígeno nos falta.
La buena noticia es que la macroeconomía es brutal; que los migrantes nos llenan las arcas de remesas, aunque queremos que no salgan (porque, en chapín, “do not come” se dice “do not leave”). Que el quetzal se sostiene respecto al dólar (de eso habla la última parte del himno nacional ¿no?). Que los que pudimos nos vacunamos afuera y dejamos, en compensación, alguna suma a Mr. Biden o al señor López Obrador.
La mala noticia es que el 27 de julio de 2020 se reabrió el país sin un plan claro, que el 27 de julio de 2021 se registró el pico máximo de la pandemia en Guatemala sin panorama alentador por delante, que la gente se abarrota para conseguir una vacuna y se apuñusca en los intentos de hospitales (la galera del Parque, el inundado de Santa Lucía Cotzumalguapa o el fallido centro comercial de Zacapa) porque para intentar salvar sus vidas el gobierno les ha obligado a bajar a los infiernos. La mala noticia es todo eso y que, en conclusión, la víctima sea el presidente, el ministerio, el sistema.
La conclusión de ellos, claro.
No es una conclusión hecha con lógica ni sensatez.
Tampoco con honestidad.
Nace de algo más.
Del cinismo.




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