La mujer más hermosa del planeta
- 20 dic 2020
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Cuando la verdad es exageradamente cierta, la realidad se convierte en una figura literaria que empequeñece a la propia hipérbole.
La cuestión es que esa última palabra la hemos creado para englobar un complejo narrativo al que recurrimos casi más de lo que debiésemos: el de hinchar o agrandar, a placer, las situaciones, las cosas, a la gente… pero se queda corta para describir aquello que, por naturaleza, supera cualquier intentona que nuestro ingenio pudiera emprender para contar la mejor historia posible.
La amistad.
Pocos ejemplos mejores que ese se me ocurren para explicar a lo que me refiero con tan engorrosa escritura. Porque, claro, ¿qué es la amistad? La amistad real, digo; no la pestañita a la que el equipo de Zuckerberg le puso ese nombre; tampoco la frase con que la Real Academia Española de la Lengua la define (“Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”) que, aunque es correcta, me resulta demasiado fría.
Y es que la amistad es algo tan complejo que se ve reflejada, sobre todo, en los momentos más sencillos de la enmarañada realidad.
Porque algo tan grande solo se puede cimentar en la importancia dada a lo más pequeño.
Claro, si algo tan minúsculo como una bolsa de gomitas (gominolas) o algo tan sencillo de orquestar, como una llamada de teléfono a media mañana, puede resultar tan valioso para dos personas (tanto para quien emite la acción como para quien la recibe) ¿qué no pasará con eventos de vida o muerte?
Y la vida y la muerte, tan relativas e inesperadas como son, pueden encontrarse en muchos recovecos; la segunda, en un ataque de estrés, una andada por un camino desconocido, el temor de enfrentar a quien se dice superior o de verse a uno mismo como alguien inferior.
La primera, en una frase en una libreta, un “buenos días” por la tarde, en ser el guardián de la obra del otro o en un simple abrazo. Cosas tan simples que van forjando ese “afecto personal, puro y desinteresado”, pero que no logran ser descritas por esas palabras de los académicos porque a la amistad hay que buscarla en la enciclopedia de la vida y no en el diccionario de la lengua.
Porque de la lengua salen muchas palabras que no siempre terminan por ser acciones, y la amistad consiste en acciones que pocas veces pueden describirse con palabras.
Mi (no sé si injusto) intento será decir que la amistad es la mujer más hermosa del mundo, porque es todas esas cosas buenas que mencioné antes, y resalta aún más cuando el mundo que la rodea se empeña en utilizar carboncillo y tinta china en lugar de óleos coloridos y acrílicos brillantes…
…pero también porque la selección de la frase viene de alguien que me enseña (sin decirlo; probablemente también sin escucharlo de mi parte) qué es la amistad.




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