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Letargo

  • 28 jul 2021
  • 3 Min. de lectura

Un pequeño grupo de manifestantes acompañó a J. F. Sandoval tras su destitución. Foto: F. Garrán

Las leyendas y los héroes se forjan a la distancia, con la óptica de quienes no tienen otro lente que el de los libros de historia y los adagios populares. Mientras añejan lo suficiente, pueden ser entes incómodos, seres subversivos, mártires, víctimas, paladines


Paladines.


Con esa palabra, mal traducida como “campeón”, el Departamento de Estado gringo condecoró, el 23 de febrero, a Juan Francisco Sandoval. Cinco meses exactos después, María Consuelo Porras, jefa del Ministerio Público, lo destituyó como fiscal especial contra la impunidad.


Con la experiencia de Chile; viendo cómo se puso Colombia, antes Perú. Con las imágenes de un Brasil polarizado en el que una facción se levantó contra el fascista Bolsonaro… con eso en mente, todo parecía indicar que Guatemala prendería en llamas. El último bastión en contra de un sistema corrupto desde sus cimientos había caído. No, peor, lo defenestraron y a ojos de todo el mundo.


Aparecieron Q122 millones en efectivo en una casa en Antigua, otros Q614 millones cayeron en un limbo informativo a mitad de camino entre La Aurora y Moscú. La Corte de Constitucionalidad se ha ido moldeando a dedo gracias a los hilos tendidos por el oficialismo en el Congreso, y el proceso de elección a la Corte Suprema de Justicia ha sacado todas las cartas para hacernos pensar que es la consumación de la cooptación del poder.


El sector empresarial, tanto a través de la gremial (Cacif) como de la Cámara de Industria (CIG) se han pronunciado en favor de “mantener la institucionalidad”, pero es que son, precisamente, las instituciones las que componen los hilos de esa telaraña que protege las cloacas.





Y, entre tanta podredumbre, surgen algunos nombres. Son pocos, pero se los identifica rápido porque para las élites depredadoras son entes incómodos, seres subversivos, los quieren desechar, pero sin convertirlos en mártires o víctimas, porque eso les implicaría crear a un paladín.


Ya dirán los libros de historia y los adagios populares en qué categoría quedará el nombre de Juan Francisco Sandoval, pero por el momento podemos decir que es, era, de las pocas esperanzas de Guatemala adentro de las instituciones.


Perplejidad, rabia, indignación… esos eran los sentimientos que esperaba ver en los guatemaltecos.


El día en que todo ocurrió, el 23 de julio, por la noche, el Procurador de los Derechos Humanos prestó sus instalaciones para que Sandoval diera una conferencia de prensa. Ahí lo dijo casi todo; digo casi porque hay algunas cosas que ha dado a entender que las intuye pero que aún no las puede sustentar al 100%; y hay otras que ha ido soltando en entrevistas posteriores.



La conferencia de Sandoval la siguieron decenas de guatemaltecos a las puertas del PDH. Foto: F. Garrán


Un grupo pequeño de guatemaltecos lo acompañó. No entraron, pero la calle del frente, la 12 con la 12 Avenida, se cerró, y ahí se produjo una imagen fuerte y peculiar: los presentes quedaron cabizbajos, no por pena o decepción, sino para pegarse a los móviles en los que escucharon al exfiscal hablar.


¡¡¡Sandoval, amigo, el pueblo está contigo!!!


Se asomó por el balcón a saludar, y la gente se lo devolvió de esa manera. Hacían ruido, pero seguían siendo pocos. Muy pocos.


buscan defender su patria, que no necesariamente es lo que conocemos como “Guatemala”

Quise convencerme que era por la premura del evento. Que al día siguiente habría más gente; sábado, y canícula, y la perplejidad y la rabia y la indignación.


Y no. La capital amaneció tan tranquila, tan alienada, tan alejada de lo que ocurre en su burbuja, una burbuja que, cabe recordar, se hincha desde ahí.


Sí, salió la gente. Sí, llegaron al Ministerio Público. El PDH estuvo ahí y nos confirmó que Sandoval está bien, fuera de Guatemala, fuera incluso de El Salvador. Sí, marcharon hacia la Plaza de las Niñas, y se oyeron cacerolas, y vuvuzelas, y vítores por el exfiscal e insultos contra la jefa que lo destituyó y el presidente. Sí, estábamos los medios cubriéndolo. Sí, había personalidades públicas y diputados de oposición.





Pero eran pocos. Éramos pocos. Unos cuantos cientos nada más, insuficientes incluso para manchar de rojo el mapa de calor de la Plaza.


¿Dónde están esas perplejidad, rabia e indignación? En Twitter las leí, en las calles no las vi.


Mientras tanto, desde la provincia, los 48 Cantones de Totonicapán se pronunciaron; el Parlamento del Pueblo Xinka se pronunció, también la alcaldía indígena de Sololá. Pero la capital… ay, la capital.


Letargo.


El capitalino ha reconocido que afuera del departamento hay voces con autoridad y poder de convocatoria; lo que le falta entender es que esas voces no tienen ningún deseo expansionista ni de supremacía, sino que buscan defender su patria, que no necesariamente es lo que conocemos como “Guatemala”.


¿Qué corresponde?


Tomar el ejemplo y potenciar el discurso.


Actuar.


Salir del letargo.

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