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¿Nochebuena? en la ciudad

  • 25 dic 2020
  • 2 Min. de lectura

Día de Nochebuena en una vacía Ciudad de Guatemala. Foto: Felipe Garrán
Día de Nochebuena en una vacía Ciudad de Guatemala. Foto: Felipe Garrán

Luces rojas y verdes parpadean rítmicamente en los extremos de una maraña de cables imposible de desanudar.


Son los semáforos, que poca labor están teniendo.


Curioso. En una ciudad que no para, como esta, lo más normal es no lograr moverte, porque la mitad va en la misma dirección: la que tú; el otro 50% tiene otro destino: ese al que tú no vas, pero al que se llega por el mismo camino.


Y en una ciudad así, entre quienes más trabajan están los semáforos.


Pero hoy no, porque el viento no necesita aguardar para cambiar de cuadra, y si se cruza con algún comprador tardío, como mucho le despeinará.


Hoy es un día distinto. Extraño. Tanto que su nombre lo tiene en sus propias antípodas: Nochebuena.


Nochebuena en la ciudad es un título desconocido para mí; desde que tengo uso de razón, el 24 de diciembre se localiza en un pueblo.


Antes de tener uso de razón, también.


De hecho, son dos pueblos los que pintan el entorno de mis Nochebuenas: Condega, al norte de Nicaragua; y Escobar de Campos, cerca de Asturias, pegado a Palencia, pero ubicado en León. El primero, alboroto total; el segundo, la viva (¿viva?) imagen de la España vaciada. Tan distintos entre sí que terminan por significar lo mismo para mí: Navidad de pueblo.


Por eso, pasar la Nochebuena en la ciudad en la que nací se me hace tan raro; urbe y 24 no son conceptos que mi cabeza maneje en la misma sintonía.


Porque ¿qué es una Nochebuena entre edificios altos, avenidas congestionadas, bullicio de compralcólicos, vallas publicitarias vayas por donde vayas, el trajín de las horas pico, las horas valle convertidas en puntos de saturación, policías dirigiendo el tránsito, policías congestionando el tránsito, la incertidumbre de saber si llegarás a tiempo…?


¿Qué es? Pues un día anormal en la ciudad, en realidad. Pero no porque se vea de fiesta, sino porque se queda como de luto. Porque sí, Reforma, Américas, Los Próceres… las principales arterias que, en algún momento, pretenden mostrarse con aires de una superioridad que es más facha que fondo, están adornadas e iluminadas, pero no revestidas de espíritu navideño; en el Obelisco está EL árbol de todos los diciembres, pero pareciera que diciembre aún no le llega a ese pino falso.


La gente no está trabajando, pero tampoco está festejando. Y esto último dudo que sea exclusivamente por la pandemia, porque las stories de Instagram me demuestran algo bien distinto.


La Nochebuena en el pueblo es algarabía, pero este pueblo que vive en la ciudad arranca el 24 de diciembre, más bien, con apatía.


En la cafetería no hay café, y en el parqueo sobran los espacios. Los semáforos aún parpadean, en el calendario todavía es 24; para el reloj recién pasa de mediodía. No es de noche, pero es Nochebuena, aunque la urbe lo oculte; aunque la urbe lo niegue; aunque el pueblo, en la memoria, me lo intente desmentir.


Porque es día de Nochebuena en la ciudad, pero todavía no me convenzo de que, en la ciudad, sea buena esta noche.


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